En éste que ahora comienzo, vamos a analizar un hallazgo que se produjo hace más o menos quince o veinte años.
Partiremos todos de la misma información; yo con alguna ventaja pues tuve la suerte de tener la pieza en mis manos; incluso lo fotografié... De la fotografía recuerdo haberla metido entre las hoja de un libro, y por ahora se encuentra desaparecida.
Por aquel tiempo me llegó una información sobre un anillo de oro tipo sello con la efigie y leyenda de Napoleón III. Era de tamaño de la mano de un adolescente o mujer.
El hallazgo, fortuito, se produjo a un kilómetro más o menos desde la n-432 hacia el camino de Montilla, cuando realizaba trabajos agrícolas un faenero forastero.
Este nuevo post va a ser diferente a los anteriores. Quiero ofrecer participación a los amantes de la historia e investigadores aficionados. Cada uno podrá portar su granito de arena. Entre todos solucionaremos el enigma.
¿Que hace en este pueblo una pieza de Napoleón III? ¿Quien era? ¿Qué relación tiene con Castro? ¿Con España?
Comienzo mi trabajo buscando información de las personas que pueden intervenir. Napoleón III y la Emperatriz Eugenia.
Carlos Luís Napoleón Bonaparte (París, 1808 - Inglaterra, 1873); Presidente de la República y emperador de Francia. Era sobrino del primer Napoleón y quizá hijo natural suyo.
En su juventud tuvo una trayectoria como conspirador liberal. La Revolución de 1848 instauró en Francia la Segunda República. El restablecimiento del sufragio universal en un país predominantemente campesino le proporcionó un éxito electoral se convirtió en primer -y único- presidente de la Segunda República en 1848.
En 1851 protagonizó un golpe de Estado destinado a perpetuarse en la presidencia en contra de las prescripciones constitucionales, golpe que sancionó después con un plebiscito que ganó abrumadoramente. Había comenzado su estilo de gobierno, consistente en una mezcla de autoritarismo restableciendo en su persona la dignidad imperial hereditaria; el que había sido príncipe presidente pasaba a llamarse entonces Napoleón III, emperador de los franceses.
El 20 de enero de 1853 se casó con la española Eugenia de Montijo.
Hizo del Segundo Imperio (1852-70) una fase muy significativa en el proceso de industrialización de Francia.
La derrota en la Guerra Franco-Prusiana (1870) fue completa, cayendo incluso el emperador prisionero del ejército prusiano en la batalla de Sedán, propicio además la caída del gobierno francés.
Una vez puesto en libertad, el ex emperador se refugió en Inglaterra, desde donde siguió proclamando las virtudes del bonapartismo y reclamando sus derechos al Trono, pues nunca abdicó. El controvertido y ambiguo dictador moría tres años después.
Maria Eugenia Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Teba, más conocida como Eugenia de Montijo nació en el año 1826, en Granada, en una familia de rancia nobleza andaluza.
Por un amor fallido, su madre decidió llevarla a París, donde podría olvidar y tal vez encontrar otro pretendiente. No andaban mal encaminadas puesto que en efecto, se fijó en ella nada más y nada menos que el futuro Emperador Napoleón III.
Su romance fue un escándalo en la capital francesa y lo que comenzó como un capricho, gracias a la habilidad de Eugenia y su madre, terminó en boda.
Desempeñó con gran sentido de la responsabilidad su papel de emperatriz de los franceses, tal vez demasiado. Ella pensaba que la mujer, con una buena preparación, era tan capaz como el hombre de participar en política, cosa evidente hoy en día, pero absolutamente revolucionaria en la época. Por ello comenzó a participar en la toma de decisiones y a influir en el ánimo de su esposo.
Algunas decisiones desafortunadas, como la intervención en México o la Guerra Franco Prusiana, que se saldaron con estrepitosas derrotas, provocaron la caída del Imperio y con él, el de Eugenia.
Tuvo que buscar asilo en Inglaterra, donde esperó a su esposo, el cual llegó completamente humillado tras el desastre de Sedán. A su muerte, ella le lloró largamente, consolándose con su hijo, el heredero de la casa de Napoleón.
A la muerte del emperador en 1873, Eugenia se retiró a una villa en Biarritz en la que vivió alejada de los asuntos de la política francesa. Su vida adquirió tintes de tragedia novelesca cuando su único hijo pereció en Sudáfrica en 1879, muerto por los zulúes. Relacionada genealógicamente con la Casa de Alba, se alojó ocasionalmente en el palacio de Liria y el palacio de Dueñas de Sevilla. Algunas de sus pertenencias, como pinturas y muebles, pasaron a manos de los Alba.
La ex emperatriz murió a las ocho y media de la mañana del 11 de julio de 1920 a los 94 años en el palacio de Liria en Madrid durante una de sus visitas a España, su país natal. Su muerte fue consecuencia de un ataque de uremia. Está enterrada en la cripta imperial, al lado de su esposo y de su hijo.
He buscado en la red; por si existiera alguna relación con estos dos personajes y la localidad, no encontrado ninguna mención, incluso a viajes que hubieran hecho por las provincias limítrofes; dando un resultado negativo, tan solo se hace una mención a la protección a las Ermitas de Córdoba por parte de Eugenia de Montijo.
Resulta improbable que en algún viaje que no conozcamos hubieran pasado cerca de Castro para dirigirse a Granada por ejemplo (no he encontrado ninguna visita) y más improbable que el camino tomado fuera el Camino de Montilla, impracticable para un vehiculo de la época.
Entonces dirijo mi interés hacía el anillo. ¿Quién podría llevar un anillo real?
Una de las formas más antiguas de amuleto es el anillo. Ricos y poderosos anillos representando planetas deidades o inscripciones de protección, o bien como talismanes protectores, o como fastuoso símbolo de un poder divino, pero también como elemento ornamental formando parte del ajuar personal.
Los anillos han evolucionado al compás del hombre, y con miles de finalidades. Hoy en día en su mayoría, son meros adornos, pero no hay que olvidar que la posesión de un anillo tan importante daba a su portador un reconocimiento, una importancia, un caché además de servirles como salvoconducto para el viaje.
Muchos de los nobles de la corte de la emperatriz van a Sevilla, unos de los lugares de refugio de Eugenia de Montijo.
Encuentro dos detalles que me llevan a la teoría que creo mas acertada. El primero es que una persona cercana al Emperador lo pudiera haberlo utilizarlo como salvoconducto, el segundo, y creo más importante era la afición a la arqueología y al estudio de las hazañas militares y políticas de Julio Cesar por parte de Napoleón III, padre de la arqueología moderna en Francia.
Tal era la admiración que el emperador pensaba que bonapartismo y cesarismo eran dos caras de la misma moneda. El trabajo histórico de Napoleón se basó en reconocer, identificar y excavar los lugares descritos por Cesar. El, era el único de la época que tenía los recursos económicos y la influencia diplomática para moverse por el Mediterráneo.
Para conocer los movimientos de Cesar en la batalla de Munda envió al Coronel Stoffel en 1863. Recibió la colaboración de militares españoles en temas cartográficos. Este proyecto tan extenso debió de involucrar a más expertos franceses. Se llevaron a cabo excavaciones por la provincia de Córdoba. Las más cercanas, en los alrededores de Espejo y en Montilla.
Lo hallado pasó a formar parte de la colección fundacional del Museo Arqueológico Nacional con el nombre de “Ministerio de la Guerra”.
El camino de Montilla esta plagado en dirección a Espejo de villas y yacimientos romanos.
Por lo que no dudo fuera muy frecuentado por esta embajada de franceses, en busca de información sobre la batalla de Soricaria; celebrada muy cerca de nuestro pueblo (en otra dirección según mi teoría).
Así que finalizo deduciendo que dicho anillo fue extraviado por algún personaje de la corte de dicho Emperador en estas expediciones.
viernes, 26 de noviembre de 2010
martes, 12 de octubre de 2010
ESPARTAQUIADAS CASTREÑAS
CONGRESO SINDICALISTA.
En 1918 Castro del Río se proclama capital del sindicalismo cordobés al triunfar los movimientos huelguísticos de Noviembre del mismo año.
El día 4 de este mes se declara una Huelga general que dejo paralizada a toda la campiña, y el 18 del mismo se firman en Castro las bases de trabajo. Aceptándose íntegramente todas las peticiones. Estas se habían preparado secretamente en el Congreso sindicalista celebrado los días 25 al 27 de Octubre en la localidad.
Éste se celebro en el local del Centro Instructivo y acudieron o se adhirieron, casi todas las organizaciones anarcosindicalista de la campiña, algunas socialistas y varias de las provincias limítrofes. En total treinta y siete.
Los trabajadores locales llegan en un ambiente depresivo a este congreso después de haber perdido por primera vez una huelga organizada por este Centro . La del 20 de septiembre. Su planteamiento era absurdo; el campo no necesitaba ninguna labor urgente; la provincia estaba tranquila, y en aquellos días pudieron concentrarse abundantes fuerzas de la guardia civil. Así que a los veinte días los trabajadores se rinden sin haber conseguido ninguna mejora.
Para no caer mas en estos errores se firmó en este congreso entre otros; un acuerdo para no terminar ninguna huelga hasta que no quedara resuelta.
Los puntos más importantes que se fijaron fueron:
1.- Abolición completa del trabajo a destajo para ambos sexos.
2.- Que la fijación de salarios para uno y otro durante la temporada de invierno se fijaría autónomamente en cada localidad por sus respectivos Centros Obreros.
3.- Que antes de llegar a una Huelga se gestionaría por los delegados obreros de toda la comarca la aprobación de las bases de trabajo de cada pueblo.
4.- Que si por causa justificadas fuese un pueblo a la Huelga, las organizaciones obreras representadas en el congreso mandarían, si estaba cerca el pueblo en huelga, comisiones obreras a todos los sitios donde trabajasen obreros.
5.- Que hasta tanto que la tierra no sea de los que la trabajan, se exigirá de los municipios, gobiernos y ministerios el empleo de todos los obreros parados.
6.- Implantación de la jornada máxima de ocho horas de trabajo para los obreros de las fábricas de aceite.
7.- Que se aplique la Ley de Accidentes del Trabajo al obrero del campo.
8.- Que los pueblos queden autónomos para pedir a los patronos u obligarles al reconocimiento de las Sociedades Obreras.
9.- No colocar a ningún obrero forastero mientras hubiera algunos de la localidad parado.
10.- Que en los ataques conjuntos se presentaran a los patronos en mismo día las bases de trabajo.
Es raro que esta información nos la aporte Bernaldo de Quirós y no Juan Díaz del Moral; posiblemente le llegara de mano de éste último o bien del Instituto de Reforma Sociales donde trabajó.
De estas bases podríamos coger puntos imteresantes de discusión. El trato a los forasteros ante el local, el peso que tenía el parado dentro de los sindicatos y el trabajo a destajo.
En 1918 Castro del Río se proclama capital del sindicalismo cordobés al triunfar los movimientos huelguísticos de Noviembre del mismo año.
El día 4 de este mes se declara una Huelga general que dejo paralizada a toda la campiña, y el 18 del mismo se firman en Castro las bases de trabajo. Aceptándose íntegramente todas las peticiones. Estas se habían preparado secretamente en el Congreso sindicalista celebrado los días 25 al 27 de Octubre en la localidad.
Éste se celebro en el local del Centro Instructivo y acudieron o se adhirieron, casi todas las organizaciones anarcosindicalista de la campiña, algunas socialistas y varias de las provincias limítrofes. En total treinta y siete.
Los trabajadores locales llegan en un ambiente depresivo a este congreso después de haber perdido por primera vez una huelga organizada por este Centro . La del 20 de septiembre. Su planteamiento era absurdo; el campo no necesitaba ninguna labor urgente; la provincia estaba tranquila, y en aquellos días pudieron concentrarse abundantes fuerzas de la guardia civil. Así que a los veinte días los trabajadores se rinden sin haber conseguido ninguna mejora.
Para no caer mas en estos errores se firmó en este congreso entre otros; un acuerdo para no terminar ninguna huelga hasta que no quedara resuelta.
Los puntos más importantes que se fijaron fueron:
1.- Abolición completa del trabajo a destajo para ambos sexos.
2.- Que la fijación de salarios para uno y otro durante la temporada de invierno se fijaría autónomamente en cada localidad por sus respectivos Centros Obreros.
3.- Que antes de llegar a una Huelga se gestionaría por los delegados obreros de toda la comarca la aprobación de las bases de trabajo de cada pueblo.
4.- Que si por causa justificadas fuese un pueblo a la Huelga, las organizaciones obreras representadas en el congreso mandarían, si estaba cerca el pueblo en huelga, comisiones obreras a todos los sitios donde trabajasen obreros.
5.- Que hasta tanto que la tierra no sea de los que la trabajan, se exigirá de los municipios, gobiernos y ministerios el empleo de todos los obreros parados.
6.- Implantación de la jornada máxima de ocho horas de trabajo para los obreros de las fábricas de aceite.
7.- Que se aplique la Ley de Accidentes del Trabajo al obrero del campo.
8.- Que los pueblos queden autónomos para pedir a los patronos u obligarles al reconocimiento de las Sociedades Obreras.
9.- No colocar a ningún obrero forastero mientras hubiera algunos de la localidad parado.
10.- Que en los ataques conjuntos se presentaran a los patronos en mismo día las bases de trabajo.
Es raro que esta información nos la aporte Bernaldo de Quirós y no Juan Díaz del Moral; posiblemente le llegara de mano de éste último o bien del Instituto de Reforma Sociales donde trabajó.
De estas bases podríamos coger puntos imteresantes de discusión. El trato a los forasteros ante el local, el peso que tenía el parado dentro de los sindicatos y el trabajo a destajo.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Monaguillo antes que fraile.
Cambio generacional y tres nuevos monaguillos; entre ellos yo; estos cambio se producen con bastante frecuencia dentro de la oligarquía de la iglesia, de echo es el que mas se produce. La esperanza de vida del monaguillo es bastante corta, comparada con la de un hombre normal y corriente. Yo creo haber apurado hasta el máximo estos años. No recuerdo cuando ingresé en esta profesión, tampoco recuerdo cuando deserté.
No piensen ustedes que voy a narrar mi vida como monaguillo, pues no me acuerdo o no quiero acordarme de la mitad. Los acólitos tenemos como un pacto hecho, colgamos la túnica y dejamos la vivencia atrás. Es, como si fuera una sociedad secreta, si, si, ja, ja pero nadie cuenta nada.
Recuerdo a mi vecino Joaquín Salido el de los muebles de olivo (pienso que este pueblo está en deuda con él) decir: “Este nene va a llegar a ser obispo”; lo debió escuchar otro, por que cuando subo por la villa aun me lo dice. Otros aún , me siguen diciendo “Te tengo en mi Albun de fotos”, o “Tu ayudaste a casarme” etc.
Si me acordara podría escribir un libro con las historias, junto a mis compañeros, del club parroquial, la relación con colegas del Carmen, las visitas a las bóvedas y campanarios de las iglesias, de las pagas y las propinas etc. Pero mi inspiración me viene para contar el trabajo serio y responsable del monaguillo.
Para eso me esforzado en recordar a don Rafael Bravo (de este sacerdote digo lo mismo que de mi vecino; tener un hermano cura y además ser tú párroco o superior, no es algo normal) y una misa de cualquier día de invierno lluvioso; cortes de luces intermitentes, los toques de las campanas tirando de la soga y poca asistencia. Me decía “hoy la misa es en el sagrario, enciende los candelabros por si se va otra vez la luz”.
Preparaba la vinajera y su cáliz (que era uno de oro labrado), procuraba que el mantel estuviera estirado y derecho sobre la piedra de mármol; llevaba el misal y se lo habría por la pagina que tocaba (mas de una vez me equivocaba, pero el no decía nada). Entonces en aquel lugar tan recogido y silencioso, ponía uno oídos a las cartas de San Pablo a los romanos, las parábolas de San Mateo y esas historias que parecían estar leyendo una novela histórica.
Permitía que le preparáramos la ropa, cuando el color de la casulla cambiaba, te lo explicaba, hoy es de tal color por que estamos en esta fecha, etc. La de diario era la verde, siempre acompañada de su estola. Al abrir algunos de estos cajones gigantescos aparecían estos gorros tan raros que llevan los obispos, las mitras, las había de todos los colores y mas de una vez no las colocábamos en la cabeza.
Nos desarrollaba con mucha paciencia todo lo que “queríamos saber”, y fomentaba la utilización de objetos ya en desuso y que a nosotros nos llamaba mucho la atención, recuerdo una tabla de madera con muchos agarraderos metálicos y que al moverlo hacia bastante ruido, creo que se utilizaba para el día de los difuntos.
Terminada la misa se recogía el altar y la sacristía, se apagaban todas las luces de las capillas y se echaba el cerrojo; volver desde la puerta principal hasta la salida con todo oscuro era de valiente con esas edad; si mirábamos hacia las capilla veíamos alguna imagen levemente iluminada por las velillas; y era peor. Salíamos por la sascritia hacia el llano san Rafael en el que no se veía un alma.
Al final de mes se preocupaba de tener el sueldo preparado en sobres para los tres. En el mío ponía. Acólito Diego Luis.
Diego L. Urbano Mármol.
No piensen ustedes que voy a narrar mi vida como monaguillo, pues no me acuerdo o no quiero acordarme de la mitad. Los acólitos tenemos como un pacto hecho, colgamos la túnica y dejamos la vivencia atrás. Es, como si fuera una sociedad secreta, si, si, ja, ja pero nadie cuenta nada.
Recuerdo a mi vecino Joaquín Salido el de los muebles de olivo (pienso que este pueblo está en deuda con él) decir: “Este nene va a llegar a ser obispo”; lo debió escuchar otro, por que cuando subo por la villa aun me lo dice. Otros aún , me siguen diciendo “Te tengo en mi Albun de fotos”, o “Tu ayudaste a casarme” etc.
Si me acordara podría escribir un libro con las historias, junto a mis compañeros, del club parroquial, la relación con colegas del Carmen, las visitas a las bóvedas y campanarios de las iglesias, de las pagas y las propinas etc. Pero mi inspiración me viene para contar el trabajo serio y responsable del monaguillo.
Para eso me esforzado en recordar a don Rafael Bravo (de este sacerdote digo lo mismo que de mi vecino; tener un hermano cura y además ser tú párroco o superior, no es algo normal) y una misa de cualquier día de invierno lluvioso; cortes de luces intermitentes, los toques de las campanas tirando de la soga y poca asistencia. Me decía “hoy la misa es en el sagrario, enciende los candelabros por si se va otra vez la luz”.
Preparaba la vinajera y su cáliz (que era uno de oro labrado), procuraba que el mantel estuviera estirado y derecho sobre la piedra de mármol; llevaba el misal y se lo habría por la pagina que tocaba (mas de una vez me equivocaba, pero el no decía nada). Entonces en aquel lugar tan recogido y silencioso, ponía uno oídos a las cartas de San Pablo a los romanos, las parábolas de San Mateo y esas historias que parecían estar leyendo una novela histórica.
Permitía que le preparáramos la ropa, cuando el color de la casulla cambiaba, te lo explicaba, hoy es de tal color por que estamos en esta fecha, etc. La de diario era la verde, siempre acompañada de su estola. Al abrir algunos de estos cajones gigantescos aparecían estos gorros tan raros que llevan los obispos, las mitras, las había de todos los colores y mas de una vez no las colocábamos en la cabeza.
Nos desarrollaba con mucha paciencia todo lo que “queríamos saber”, y fomentaba la utilización de objetos ya en desuso y que a nosotros nos llamaba mucho la atención, recuerdo una tabla de madera con muchos agarraderos metálicos y que al moverlo hacia bastante ruido, creo que se utilizaba para el día de los difuntos.
Terminada la misa se recogía el altar y la sacristía, se apagaban todas las luces de las capillas y se echaba el cerrojo; volver desde la puerta principal hasta la salida con todo oscuro era de valiente con esas edad; si mirábamos hacia las capilla veíamos alguna imagen levemente iluminada por las velillas; y era peor. Salíamos por la sascritia hacia el llano san Rafael en el que no se veía un alma.
Al final de mes se preocupaba de tener el sueldo preparado en sobres para los tres. En el mío ponía. Acólito Diego Luis.
Diego L. Urbano Mármol.
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