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Si notais que llevo mucho tiempo sin escribir, posiblemente me esté pasando la mismo que le ocurrió a García Birlán.
"El deber me ordena que os dedique esta crónica y la pluma se niega a escribirla. Se amontonan las notas en mi imaginación y la péñola no sabe darles forma. Esfuerzo el pensamiento, concibo ideas, bullen las palabras en la mente y aun permanecen blancas las cuartillas."

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¿Un cateto escribio esto?:

Esta cárcel que, durante varios meses, le dio ocasión de un trato prolongado con el mundo variopinto del hampa, verdadera sociedad paralela con su jerarquía, sus reglas y su jerga, parece ser, con mayor probabilidad que la de Castro del Río , la misma donde se engendró el Quijote, si hemos de creer lo que nos dice su autor en el prólogo a la Primera parte: una cárcel «donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación», y en la cual bien pudo ver surgir, al menos, la idea primera del libro que ocho años más tarde le valdría una tardía consagración.

Cervantes en su vivir .

Jean Canavaggio

sábado, 22 de mayo de 2010

La Conquista de Castro del Rio en manos Sevillanas.











De la mano de los famosos restauradores Manuel Luque y Teresa de la Rosa ha comenzado a primeros de mayo los trabajos de restauración de la obra pictórica La Conquista de Castro del Río. El lienzo enviado desde Fernán Núñez se encuentra en pésimo estado. La policromía esta muy afectada por culpa de añadidos posteriores y proliferación de hongos a causa de la humedad producida por una gotera caída sobre el.
Despues de observar trabajos realizados por este taller. Podemos decir que estamos  de enhorabuena











lunes, 17 de mayo de 2010

Matómela un Ballestero. !Déle Dios mal galardón!

 
Dice un viejo cuento de Fantasmas, que cuando un Fantasma recuerda pasajes de su primera vida se encuentra en sus últimos cincuenta años de existencia.
  Los hombres tenemos dos vidas.
  Eso me está ocurriendo. En mi segundo ciclo vital estoy recordando del primero.
  Yo viví mi primera vida como escudero de un Fantasma, o sea, que ya había muerto una vez.
  No me habló nunca de su primera vida; recuerdo habedle preguntado en cierta ocasión y se enfureció bastante.
  Era muy aprensivo y recordar la primera le resultaba de mal agüero.
  En su última vida logró numerosos existos como Caballero del Temple, prior de la encomienda del Agramalejo y defensor de la torre vigésimo novena de la fortaleza de Castro del Río.
  Esa torre, que ahora recuerdo, está junto al palacio de los duques de Medinaceli, formando un bello rincón. Llamado de los Chistes.
  Mira hacia las huertas más fértiles de todo el valle del Guadajoz y la calle Cuchilleros.
  Mantener la Torre (en su época) era nuestro trabajo; mi señor con su Espada, yo con la limpieza de armas y arreos. Los demás peones(cinco), mantenían en estado perfecto  las almenas, paredes, el abastecimiento de proyectiles de piedra, balas de paja lista para incendiar y agua.
  Con el alimento teníamos más suerte en el reparto. De nuestra torre salía un túnel secreto hacia el río, de hay la situación estratégica de la Torre y su importancia.
  De nosotros dependía toda la fortaleza en época de asedio. El túnel nos garantizaba alimentos frescos.
  Vistiendo a mi señor una tarde de primavera, luego de darse un baño en el río. Escuchamos una partida de a caballos.
  Me apresuraba tirando de las correas de cuero para colocarle las defensas, cuando un jinete vino sobre nosotros, clavándome una pica por la espalda. Con tanta fuerza que atravesó mi cuerpo y rompió el corazón de mi señor.
  El cruzado desapareció para siempre.
  Yo disfruto la segunda lejos de guerras.
  He leído que la villa no se tomó; la torre como vemos sigue en pie, y es sin duda por que no encontraron el pasadizo.
  Ahora cuando veo la plaza del Rey Fernando libre de hierbas y forrajes, recuerdo aquellos momentos tan gloriosos.
  Al recordar estaré agotando los últimos cincuenta años de mi vida. Pero es ley de segundas vidas

sábado, 1 de mayo de 2010

Persecución en el cementerio.


Ni en los mismísimos años de mi apogeo como ladrón de secretos de estado; los cuales vendía a un famoso banquero de este país; había visto tanta seguridad. Al menos quince personas custodiaban la excavación.
  Fué en el Palacio Real donde al coger una carpeta equivocada hallé aquellos documentos. Me los quedé por que encontré una referencia a Castro del Río subrayada en la primera hoja; y claro yo era de ese pueblo.
  Después de retirarme de esa profesión, tan peligrosa en estos momentos, Decidí dedicarme de lleno a aquellos jeroglíficos. Durante veinte años fuí recabando información, sin organizar lo que iba recogiendo.
  No fue fácil, pués las dos piezas de las que "hablaban" los papeles, se encontraban dispersas, tenía localizada la más importante: "El Pedestal". Este se encontraba en un importante museo. Acudí varias veces a visitarla y observarla. La última vez, saqué del bolsillo el viejo documento y escribí las mismas palabras que Rufina había marcado en aquella piedra con diferente grafía y que me serviríron para resolver parte del enigma.
   La entrevista que mantuve hace algunos días con un viejo historiador de este pueblo, me sirvió para dar con el paradero de la cruz de Miramontes. A cambio le revelé la situación del pedestal. Su informador me comentaba fué el mismísimo Conde de La Estrella, yo me abstuve de dar explicaciones que me pudieran comprometer.
  La cruz se encontraba en el cementerio castreño, fué instalada allí a mediados del siglo XIX y nadie podía adivinar que tuviera labrado en su lateral una importante revelación.
  Para evitar testigos elegí una noche lluviosa. Agarré el carburero y apunté su luz hacia la piedra. La desilusión me invadió. La piedra había sido cincelada de nuevo y las letras borradas.
  Fué al marcharme cuando observé al fondo del campo santo aquella extraña excavación. Los vigilantes se habían recogido en sus garitas para ponerse a salvo de la tormenta que en esos momentos arreciaba. "La eterna curiosidad" me pudo otra vez. Me arrastré hasta llegar al filo del corte en la tierra y tomé unas fotos. El fogonazo del flash me delató. Saltaron las alarmas, todos me buscaban; me escondí en un viejo nicho; reconocí a uno de ellos; un empleado jubilado de la antigua fábrica de armas, le seguía una persona mayor, que calado hasta los huesos iba lamentándose de haber estado excavando en el famoso valle de los reyes de Egipto y ahora hacía de vigilante en un cementerio de un pueblo de poca monta. Mientras, alguien gritaba !no puede escapar con la fotografía!. Logré dadles esquinazo pues estaba mas preparado que ellos en eso de la fuga y conocía el lugar a la perfección. En el camino dejé la cámara en un hueco que ahora no recuerdo.
  Aunque estoy seguro que algún día daré con ella y extraeré el soporte que me lleve a una nueva aventura.

Las 3 imágenes son de Google